viernes, abril 13, 2007

EDITORIAL: RUMBO DE VIDA

Coherencia de vida
(De Alfonso Aguiló)

La vida de todo hombre precisa de un norte, de un itinerario, de un argumento. No puede ser una simple sucesión fragmentaria de días sin dirección y sin sentido. Cada hombre ha de esforzarse en conocerse a sí mismo y en buscar sentido a su vida proponiéndose proyectos y metas a las que se siente llamado y que llenan de contenido su existencia. A partir de cierta edad, todo esto ha de ser ya algo bastante definido, de manera que en cada momento uno pueda saber, con un mínimo de certeza, si lo que hace o se propone hacer le aparta o le acerca de esas metas, le facilita o le dificulta ser fiel a sí mismo. Se trata de algo asequible a todos. Lo único que hace falta es —si no se ha hecho— tratarlo seriamente con uno mismo: como decía Epícteto, “enseguida te persuadirás: nadie tiene tanto poder para persuadirte a ti como el que tienes tú mismo”.
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Para que la vida tenga sentido y merezca la pena ser vivida, es preciso reflexionar con frecuencia, de modo que vayamos eliminando en nosotros los detalles de contradicción o de incoherencia que vayamos detectando, que son obstáculos que nos descaminan de ese itinerario que nos hemos trazado. Si con demasiada frecuencia nos proponemos hacer una cosa y luego hacemos otra, es fácil que estén fallando las pautas que conducen nuestra vida. Muchas veces lo justificaremos diciendo que «ya nos gustaría hacer todo lo que nos proponemos», o que siempre «del dicho al hecho hay mucho trecho», o alguna que otra frase lapidaria que nos excuse un poco de corregir el rumbo y esforzarnos seriamente en ser fieles a nuestro proyecto de vida.

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Es un tema difícil, pero tan difícil como importante. A veces la vida parece tan agitada que no nos da tiempo a pensar qué queremos realmente, o por qué, o cómo podemos conseguirlo. Pero hay que pararse a pensar, sin achacar a la complejidad de la vida —como si fuéramos sus víctimas impotentes— lo que muchas veces no es más que una turbia complicidad con la debilidad que hay en nosotros.

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Somos cada uno de nosotros los más interesados en averiguar cuál es el grado de complicidad con todo lo inauténtico que pueda haber en nuestra vida. Si uno aprecia en sí mismo una cierta inconstancia vital, como si anduviera por la vida distraído de sí mismo, como desnortado, sin terminar de tomar las riendas de su existencia —quizá por los problemas que pudiera suponer exigirse coherencia y autenticidad—, parece claro que está en juego su acierto en el vivir y, como consecuencia, una buena parte de la felicidad de quienes le rodean.

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Es verdad que las cosas no son siempre sencillas, y que en ocasiones resulta realmente difícil mantenerse fiel al propio proyecto, pues surgen dificultades serias, y a veces el desánimo se hace presente con toda su paralizante fuerza. Pero hay que mantener la confianza en uno mismo, no decir «no puedo», porque no es verdad, porque casi siempre se puede. No podemos olvidar que hay elecciones que son fundamentales en nuestra vida, y que la dispersión, la frivolidad, la renuncia a aquello que vimos con claridad que debíamos hacer, todo eso, termina afectando al propio hombre, despersonalizándolo.

ACTUALIDAD: DAWN EDEN Y SU ENCUENTRO CON CHESTERTON

La experiencia de Dawn Eden

Se presenta como una de las "hijas insatisfechas de la revolución sexual". Dawn Eden, periodista norteamericana especializada en música rock, cuenta su historia en un artículo publicado en The Sunday Times (14 de enero). Después de una juventud en la que puso en práctica el estilo de vida de tal revolución, llegó un momento en el que no pudo más y decidió cambiar. No fue un giro inmediato. Aunque reconoce que aquella vida no le llenaba, el cambio vino poco a poco: empezó por la cabeza y después afectó al comportamiento.

Cuenta que un día de diciembre de 1995, en el curso de una entrevista, preguntó al lí­der de "Sugarplastic", un grupo musical de Los Angeles, qué libro estaba leyendo. Éste le respondió que "El hombre que fue jueves", de Chesterton. Dawn tuvo curiosidad y leyó aquel libro, y después todo lo que pudo encontrar del autor inglés. "Era la primera vez que descubría que en el cristianismo habí­a algo interesante". Siguió leyendo a Chesterton, "al mismo tiempo que mantenía mi estilo de vida disipado". Una noche de octubre de 1999, "en ese estado en el que no sabes si estás dormido o despierto", oyó una voz en su interior que le decía: "algunas cosas no son simplemente para ser sabidas; algunas cosas son para ser entendidas". Esa fue la vía que le llevó tiempo después a la Iglesia católica.

Ahora, con 37 años, quiere transmitir a los demás (sobre todo a las demás) su experiencia y ahorrarles las decepciones por las que ella ha pasado. "Los paladines de la revolución sexual son cínicos, afirma. Saben en sus corazones de lata que la promiscuidad sexual no hace a las mujeres felices. Por eso sienten la necesidad de promoverla continuamente". Hace unos años empezó un blog, considerado demasiado cristiano por sus jefes en el periódico, lo que le provocaría ser despedida de The New York Post. Ahora escribe para otras publicaciones y no le importa ir a hablar de castidad incluso en locales nocturnos de Mahantan (como cuenta The Observer, 7 de enero). Es autora del libro "The Thrill of the Chaste: Finding Fulfillment While Keeping Your Clothes On".

ACTUALIDAD: LIBRO DE BENEDICTO XVI


Con una tirada inicial de 350 mil ejemplares, en su versión italiana, el lunes aparecerá en las librerías el libro “Jesús de Nazaret”, de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, que se acaba de presentar esta tarde en el Vaticano. Además del italiano, las primeras versiones serán en alemán, polaco y griego, pero están en preparación más de treinta ediciones. En las intenciones del Papa, se trata de un primer volumen que abarca en sus diez capítulos (448 páginas) desde el bautismo de Jesucristo hasta la transfiguración. Quedan para un segundo libro (en el que todavía está trabajando “en los ratos libres”) la infancia, la pasión y la resurrección de Cristo.

La presentación corrió a cargo del arzobispo de Viena, Christoph Schönborn (antiguo alumno del Papa), del decano de la facultad de teología valdense (confesión protestante) en Roma, Daniele Garrone, y del filósofo Massimo Cacciari (que es también ahora alcalde de Venecia). A la espera de leer los textos con calma, la intervención que del vivo más me ha impresionado ha sido precisamente la de Cacciari, pues a pesar de su condición de no católico ha demostrado un profundo conocimiento y aprecio por este trabajo del Papa.

Las primeras informaciones on line de los diarios italianos (ver Corriere della Sera) se centran en las palabras del prólogo del libro, donde Benedicto XVI afirma que no se trata de un texto magisterial: por tanto, añade, se le puede contradecir, aunque espera del lector “ese anticipo de simpatía sin el cual no hay comprensión”. El objetivo del Papa es presentar “el Jesús de los evangelios como el Jesús real, como el Jesús histórico en sentido verdadero y propio”.

ACTUALIDAD: TEMA DEL GÉNERO

No hay un “pensamiento único” feminista


En algunos países parece que sólo existe un tipo de feminismo, siempre atento para defender la legislación sobre el aborto, la ideología del “gender” y otras causas de los que se considera “pensamiento progresista”. Lucetta Scaraffia escribe en Corriere della Sera que en realidad los feminismos son muchos, y en ocasiones muy distintos entre sí. Y cita como ejemplo el último libro de la filósofa francesa Sylviane Agacinski (“Engagements”). (Agacinski está casada con el líder socialista francés Lionel Jospin; en su juventud trabajó con el filósofo Jacques Derrida, de quien tuvo un hijo).
Scaraffia sintetiza así los dos temas principales del libro: “la igualdad de los dos sexos, entendida como idéntica posibilidad de representar a la humanidad, y la idea de que cada uno es su cuerpo, y que este cuerpo no es ni un instrumento ni una mercancía”. La estudiosa francesa se opone con claridad a la hipótesis de la neutralidad sexual, típica de la ideología del “gender”. Existe un género humano que comprende una diferencia interna, que hay que aceptar sin traducirla en un sistema de poder. “No se trata de una afirmación de poco valor, si se piensa que todas las propuestas de reconocimiento de derechos a las parejas homosexuales se basan en la idea de que la polaridad heterosexual no es fundamento de la cultura y la sociedad, sino una arbitrariedad que hay que cancelar”, comenta Scaraffia.

La filósofa francesa deduce de ahí algunas consecuencias: la requisitoria contra el alquiler de úteros (“como si la gestación fuera un trabajo artesanal y el mismo niño un producto fabricado sobre el que se puede fijar un precio”, afirma Agacinski); y la idea de que para hacer de padres no basta el amor hacia el hijo: “las reglas de la filiación están construidas sobre la bilateralidad hombre-mujer, y no sobre los sentimientos que los padres podrían tener entre sí”. El papel de padre y madre no tienen sólo una validez psicológica sino que ejerce una importante función simbólica, pues definen el lugar del nuevo nacido entre las generaciones y entre los sexos: definen su puesto en la humanidad.